«

»

Concierto de Guns N’ Roses en Bilbao

Hubo suerte: Guns N’ Roses, que antaño habrían ganado cualquier campeonato mundial de informalidad, salieron al escenario con puntualidad de concertista clásico. Eso sí, por mucho que se hayan reformado, se esforzaban en cuadrar su estampa con la de aquellos viejos ‘posters’: Axl, con camiseta de Harley Davidson, camisa de cuadros atada a la cintura, pulserazas, cadenazas y gafas de sol; Slash, con pantalones de cuero, chistera, gafas y pañuelo colgando en el culo. Arrancaron con la andanada habitual de ‘It’s So Easy’ y ‘Mr. Brownstone’, dos temas de su primer álbum, y a partir de ahí se atuvieron al repertorio previsto, con un primer punto álgido en el cuarto tema, ‘Welcome To The Jungle’. Ahí se emocionaron todos sus públicos, porque un grupo tan transversal como Guns N’ Roses tiene varios nichos a los que contentar: los ‘heavies’ curtidos en mil batallas se codeaban con personas que no habían acudido a ningún concierto en años, emocionadas por estar saldando una dolorosa deuda de la adolescencia. Eso sí, el hechizo del tiempo recuperado se echaba a perder en cuanto les cobraban siete euros por una caña. Pasado a pesetas imponía todavía más. EL CONCIERTO 40.000 personas aproximadamente asistieron al concierto. Hubo 4.000 entradas sin vender.Sin sorpresas Sin sorpresas.El repertorio siguió el mismo orden que en el anterior concierto, celebrado en DublínHomenaje Homenaje.Tocaron ‘Black Hole Sun’, de Soundgarden, como tributo al fallecido Chris Cornell Axl correteaba y subía y bajaba escaleras, quizá no con aquella agilidad de corzo de los montes que exhibía en sus buenos tiempos, y de vez en cuando desaparecía del escenario y se cambiaba de atuendo, mientras Slash se dedicaba fundamentalmente a sacarle chispas a la guitarra, como en el solo aflamencado de ‘Double Talkin’ Jive’. Al vocalista y el guitarrista, reñidos durante tanto tiempo, no resultaba sencillo contemplarlos a la vez en la pantalla gigante. Así a ojo, si un campo de fútbol mide cincuenta metros de ancho, Axl y Slash se colocaban muchas veces a veinticinco el uno de otro, repartiéndose el puesto central con disciplina contractual. El sonido, terrible en los primeros temas, fue mejorando a medida que avanzaba el concierto. No faltó el tributo al recién fallecido Chris Cornell, con el ‘Black Hole Sun’ de su banda Soundgarden, pero los temas con los que el público se vino arriba y alzó puños y teléfonos fueron clásicos de Guns N’ Roses como ‘You Could Be Mine’ o su versión de ‘Live and Let Die’. También desencadenó la locura, y eso es algo que no ocurre tantas veces, la presentación de la banda después de ‘Coma’, con ese momento simbólico en el que Axl pronunció el nombre de Slash y se retiró para que el guitarrista se luciese en su solo. Su adaptación de la banda sonora de ‘El Padrino’ dio paso a ‘Sweet Child O’Mine’, otra de las cumbres emocionales de la velada, de esas en las que se veía al público arrojarse temerariamente por el tobogán del recuerdo. Y en ‘November Rain’, con Axl al piano y el solo incendiario de Slash, incluso se sacaron a relucir los mecheros, para celebrar el éxito de esta cita a la vez juvenil y crepuscular. Fuente: http://www.elcorreo.com